jueves, 26 de agosto de 2010

PRESUPUESTO 2010/2011: LA ABSTENCIÓN (PRIMERA PARTE)

Con fecha 24 de agosto de 2010, se realizó la primera Asamblea Especial, de la era Passarella, en nuestro Club designándose a las autoridades de la misma (la cara y los gestos de satisfacción de Daniel Bravo eran la prueba palmaria de que dichas designaciones ya estaban consensuadas de antemano) y, también, se trató el Cálculo de Recursos y Presupuesto de Gastos e Inversiones para el ejercicio comprendido entre el 1º de setiembre de 2010 y el 31 de agosto de 2011.

Ya es de público conocimiento que ambas consideraciones recibieron el apoyo de 120 representantes, hubo 29 ausencias y 1 abstención.
Éste no es el lugar adecuado para analizar las exposiciones de los representantes que hablaron ante la Asamblea pero, en términos generales, los oradores por el casellismo y el donofrismo (¿?) decidieron avalar al mismo, luego de enumerar una serie de críticas a la inconsistencia del presupuesto presentado, con la consabida y remanida fórmula retórica de “no poner palos a la gestión del actual presidente en esta primera etapa”. También, los 2 representantes de Mera Figueroa y los 2 compañeros del Frente que integré, sin expresarlo en el estrado, decidieron sostener ese “principio”.
Naturalmente, entonces, este “patito feo” quedó solo con su voto abstencionista. Sin embargo, puedo afirmar que yo también apoyé a Passarella aunque él y sus laderos jamás se darán cuenta ni lo reconocerán. Para llegar a esta conclusión, desarrollaré mis pensamientos en función de los documentos adjuntos: Informe de la primera minoría (actual oficialismo) de la Comisión Fiscalizadora e Informe de la segunda minoría de la Comisión Fiscalizadora. En la segunda parte de esta nota, me explayaré en lo atinente al análisis del presupuesto y sus inconsistentes números.

Todos aquellos que nos formamos como peritos mercantiles en la secundaria podemos recordar que, básicamente, un presupuesto era definido como “un plan de acción dirigido a cumplir una meta prevista”. Cuando crecimos y nos volcamos a las actividades empresarias y/o nos profesionalizamos (como Contadores o Licenciados en Administración de Empresas, por ej.) y/o tuvimos la posibilidad de ejercer como directores o gerentes administrativos-económicos –financieros aprendimos que un presupuesto es algo más. Lo podríamos definir como “la presentación ordenada de los resultados de un plan, un proyecto o una estrategia”. Pero, habida cuenta de lo acotado previamente, sabemos perfectamente que si no viene acompañado de cuadros y planillas analíticas, de comprobantes contables, de contratos firmados o a firmarse, de cartas de intención generadas desde o para el club (en este caso), de pliegos de licitaciones, etc., etc., etc., carece de valor en si mismo. Sin datos ni elementos concretos que sustenten los números de esta herramienta contable no se puede fundamentar lo que se quiere afirmar (en el caso de River, aprobar). Es más, sin esos elementos de trabajo básicos puede convertirse en algo irreal, meramente virtual. Ocho presupuestos de la gestión Aguilar serían uno de los tantos ejemplos de mis afirmaciones. Todos, absolutamente todos, fueron dibujos virtuales.

Explicado esto, me interesan destacar frases del Informe de la segunda minoría de la Comisión Fiscalizadora que corroboran lo antes mencionado: “…compartimos este deseo como todos los riverplatenses, pero a la hora de presupuestar debiera utilizarse el criterio contable de “prudencia” en el reconocimiento de los resultados positivos.”; “No hemos contado con información que nos permitiera opinar sobre las estimaciones efectuadas por la Tesorería…”; “… no hemos podido contar con elementos que nos permita opinar sobre la razonabilidad de las estimaciones realizadas.”; “A la fecha de emisión del presente informe, no hemos tenido a disposición la información analítica de su conformación…”. Otras frases de este tenor recorren, a lo largo, el informe de los fiscalizadores de la oposición.
Ahora bien, si cotejamos ambos Informes observaremos que en los dos el alcance de la revisión se basó en los mismos puntos, excepto en uno: el punto e del Informe del oficialismo sostiene “Revisión de la documentación y cálculos de respaldo presentado por la Tesorería del Club”. Resultado: sólo la primera minoría tuvo acceso a los elementos de trabajo necesarios para “armar” este presupuesto o lo pone en su Informe para “demostrar” que trabaja en concordancia con la Tesorería.
Lo importante, más allá de mi última disquisición, es que ambos grupos (como casi siempre ha sucedido y sucede) dejan de lado el Estatuto constitutivo de nuestra Asociación. A saber:
-En el capítulo VIII, Del Tesorero, artículo 82º, inc. g) se sostiene que (Son funciones del Tesorero) “Someter mensualmente a la Comisión Fiscalizadora todos los comprobantes del movimiento de Tesorería y dar a los miembros todos los informes y datos que al respecto le fueran requerido”.
-En el capítulo XI, De la Comisión Fiscalizadora, artículo 89º, inc. a) y b) se afirma que (La Comisión Fiscalizadora tendrá los siguientes deberes y atribuciones) “Examinar los libros y documentos del Club, siempre que lo juzgue oportuno y por lo menos cada tres meses” y “Fiscalizar la inversión de los fondos sociales, cuidando que se empleen en la forma estatutaria”.
Conclusión: los fiscalizadores tienen derechos, obligaciones y deberes que no deben enajenar y no pueden ser manejados como títeres por los presidentes, secretarios o tesoreros de turno. La oposición no supo y/o no quiso y/o no le interesó cumplir con ellos. El oficialismo, como sistemáticamente en la última década, acomodó el presupuesto a voluntad y sin mostrar los elementos que tiene en su poder. El Estatuto… violado como siempre.
Me dio verguenza escuchar la exposición del representante oficialista José Luis Badur. No por su obsecuencia passarelliana, tampoco por los reproches arteros y los intercambios inverosímiles con algunos miembros del donofrismo (se pasaban la pelota sobre quiénes fueron más aguilaristas), pero sí por afirmar que la Asamblea era el órgano de gobierno más importante de una Asociación. Dijo algo obvio: de hecho y de derecho la Asamblea lo es. Pero cuando un Estatuto perverso como el nuestro permite que el que gana se lleve todo (mayoría absoluta en la C.D., mayoría absoluta en la C.F. y los 2/3 de las asambleas levantamanos), mal puede este genuflexo caballero afirmar lo que afirmó. Por eso los unicatos se siguen consolidando y las decisiones concentrando. Y cuando un presupuesto (armado a voluntad, sin adecuado control opositor y sin elementos de trabajo imprescindibles) llega a la Asamblea, más que una herramienta de gestión se convierte en lo que el alemán Franz Row creó como género literario: el realismo mágico. Género que en Sudamérica abrazaron un tal Borges y un tal García Marquez.
Por todo lo expuesto, debí votar en contra de este presupuesto viciado de nulidad estructural, metodológica y técnica. Para darle un voto de confianza a Passarella, sólo a Passarella, me abstuve.


A continuación la documentación pertinente...














































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